Jueves, 05 Noviembre 2020 21:25

COVID Y VAPEO una tormenta

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Van siete meses y más de un millón de muertes en la pandemia. Los científicos del mundo todavía no entienden bien por qué algunas personas infectadas con Coronavirus se enferman gravemente y mueren, mientras que otras sobreviven. La gran variedad de situaciones de las personas que contraen COVID-19 desconcierta a los médicos. El espectro es amplio: asintomáticos, pacientes con síntomas leves, otros con enfermedades moderadas que duran meses o quienes mueren. En una carrera desesperada contra el tiempo, los investigadores trabajan para comprender mejor la enfermedad, encontrar tratamientos y, en última instancia, desarrollar una vacuna eficaz.

La pandemia de la desinformación

Pero, ¿cómo determinamos si toda esta nueva investigación es realmente útil, imparcial y de alta calidad? ¿Y cómo podemos prevenir la propagación de información errónea debido a resultados de investigación sobreinterpretados y de baja calidad o a investigaciones totalmente sesgadas? Los principales investigadores médicos han comenzado a advertir sobre la “pandemia de la mala ciencia“. Esta amenaza nuestra comprensión de la COVID-19 y pone a las personas en riesgo (ejemplo: la hidroxicloroquina).

¿Sabemos lo suficiente para concluir algo sobre la relación entre COVID-19 y nicotina? Los expertos dicen que no.

Inevitablemente, este sesgo y la mala ciencia se abrieron camino en el debate sobre la reducción del daño del tabaco al plantear un vínculo tenue entre vapear nicotina y la COVID-19. Los investigadores que impulsan esta hipótesis están utilizando cínicamente la pandemia como una oportunidad de oro para “probar” que los cigarrillos electrónicos dañan los pulmones. Este enfoque singular para encontrar daños es imperdonable. También es una desviación inútil de recursos científicos que podrían destinarse a erradicar el Coronavirus y el tabaquismo tradicional. Con eso se salvarían millones de vidas.

¿Sabemos lo suficiente para concluir algo sobre la relación entre COVID-19 y nicotina? Los expertos en nicotina y tabaco, incluido un editor de la revista Nicotine and Tobacco Research, dicen que no. También señalan que gran parte de la investigación producida durante la pandemia proviene de grandes bases de datos o datos hospitalarios que se basan en muestras oportunistas y no aleatorias de pacientes.

Debido a que estos datos “observacionales” no se recopilan de manera sistemática, son susceptibles a varios sesgos que pueden producir resultados engañosos. Por ejemplo, muchos de los primeros estudios de China publicados en las principales revistas médicas encontraron que a los pacientes mayores de 70 años no se les diagnosticaba COVID-19. Interpretados al pie de la letra, estos estudios podrían sugerir que el COVID-19 es menos probable entre los adultos mayores.

Pero ahora sabemos, a partir de muchos estudios en muestras mucho más grandes, que lo contrario es cierto: los adultos mayores tienen una probabilidad significativamente mayor de desarrollar las complicaciones más graves asociadas con el virus, incluida la muerte. Este ejemplo probablemente es resultado del sesgo de selección en los primeros estudios chinos (un problema común con los estudios observacionales), y nos muestra el riesgo de aceptar ciegamente los resultados de la investigación sin tener en cuenta su calidad.

A pesar de las claras limitaciones de la investigación observacional, los principales medios de comunicación continúan destacando estudios similares que asocian el vapeo de nicotina con COVID-19. Esto se ajusta a una agenda preestablecida. Los periodistas han utilizado durante mucho tiempo investigaciones anecdóticas o defectuosas para perpetuar el pánico por el vapeo. Lo hacen a través de noticias de intoxicaciones por nicotina, “pulmón de palomitas de maíz“, explosionesataques cardíacos y el mal llamado brote de lesiones pulmonares asociadas al uso de productos de vapeo (EVALI) del año pasado.

Cómo los medios distorsionan el tema

Un artículo reciente del New York Times titulado “Los vínculos del vapeo con el riesgo de COVID se están volviendo claros” es el ejemplo más reciente. La autora, Katherine J. Wu, tiene un doctorado en microbiología e inmunobiología. Como científica, debe saber que los principales científicos han abogado por un mayor acceso a la nicotina vaporizada debido a su menor riesgo en comparación con el tabaquismo y al potencial resultante de salvar vidas.

Pero Wu solo entrevista a neumólogos estadounidenses que afirman que el vapeo es dañino y daña los pulmones. Según un médico que cita, los productos de vapeo de nicotina “hacen casi todo lo malo que se pueda imaginar”.

También existen serios problemas con los estudios que Wu cita para respaldar su argumento. De 27 referencias incluidas en el artículo, solo una fue de un estudio que analizó la conexión entre el vapeo y la COVID-19. Ese estudio, realizado por la Dra. Bonnie Halpern-Felsher, es una pequeña encuesta en línea realizada una semana a principios de mayo de 2020, y se encuentra en el centro de una controversia científica. Muchos científicos han notado sus defectos, y algunos (incluida una de las autores de este artículo) escribieron al editor de la revista que lo publicó señalando “las conclusiones inverosímiles a las que llegaron los autores” y pidiendo la retractación del artículo.

Su reporte utiliza la estrategia del ‘peor de los casos’ encontrado en otros artículos que relacionan la nicotina de vapeo con resultados negativos.

Wu tampoco menciona estudios que indican lo contrario de sus conclusiones: que la nicotina podría tener efectos protectores contra el virus y podría funcionar como un tratamiento de la COVID-19.

Su informe utiliza la estrategia del peor de los casos. Esta misma se encuentra en otros artículos que vinculan el vapeo de nicotina con resultados negativos. En ellos se tiende a perfilar a las personas que dependen en gran medida de la nicotina vapeada o que han experimentado lesiones horribles debido a raras explosiones de baterías o EVALI.

James Ippolito y Janna Moein cumplen esa función en el artículo de Wu. Ippolito, un veterano del ejército de 26 años, se describe como “adicto” a la nicotina que vapea hace seis años. Él dice: “Vapeo todos los días, todo el día”. Sobre Moein, de 22 años, escribe Wu: “Estaba vapeando varios cartuchos con THC a la semana, más de lo que la mayoría de la gente puede manejar”.

La distinción, que hace Wu, entre productos de THC y de nicotina es crucial. Como reconocieron tardíamente tanto la FDA como los CDC, los productos ilícitos de THC, principalmente los contaminados con aceite de acetato de vitamina E, provocaron el brote de EVALI. Es importante tener en cuenta que este aditivo no se puede agregar a los productos de vapeo de nicotina porque es incompatible con el e-líquido soluble en agua.

Así, los informes de Wu tienen una característica central del discurso del pánico a las drogas: ignoran un amplio espectro de uso para enfocarse en casos extremos. La cantidad de THC que Moein vapeó cada semana no es el punto. El punto es que no habría terminado en la unidad de cuidados intensivos de un hospital con un pulmón colapsado si los cartuchos Dr. Zodiak que compró no estuvieran adulterados con acetato de vitamina E.

Ippolito está practicando la reducción de daños vapeando nicotina en lugar de fumar. ¿Y cómo defines vapear “todo el día”? Wu lo llama “terco” porque no quiere dejar de usar nicotina durante la pandemia de COVID-19. Pero como resultado de esta catástrofe de salud pública sin precedentes y sin un final a la vista, es posible que Ippolito, como muchos vapeadores, no quiera detenerse porque la nicotina puede mitigar los sentimientos de depresión y aumentar el enfoque de atención.

La anécdota y las fotos están relacionadas con la hospitalización de Moein por EVALI relacionado al THC contaminado. Sin embargo, están incorporados en un artículo sobre COVID-19, fumar y cigarrillos electrónicos.

Artículos como el de Wu no solo se basan en ciencia cuestionable o engañosa para asustar o confundir a los lectores. También muestran anécdotas aterradoras.

Moein proporciona una: “Mis labios estaban azules. (…) Tuvieron que vendarme los ojos con cinta. Estuve alucinando todo el tiempo que las enfermeras intentaban matarme, que las paredes estaban hechas de piel humana”. Un trío de fotos que Moein proporcionó al Times crea más miedo en los lectores. Hay una imagen de él en un coma inducido médicamente con un gran tubo de respiración azul pegado a la boca. La anécdota y las fotos están relacionadas con la hospitalización de Moein por EVALI relacionado con el THC contaminado, pero están incorporadas en un artículo sobre COVID-19, fumar y cigarrillos electrónicos.

La autora también combina implícitamente los daños del tabaquismo y el vapeo de nicotina, yuxtaponiéndolos y tratándolos como intercambiables: “Aproximadamente 34 millones de adultos fuman cigarrillos en los Estados Unidos, muchos de ellos de comunidades de color y de nivel socioeconómico bajo, grupos que ya se sabe que son más vulnerables al virus. Y más de 5 millones de estudiantes de secundaria y preparatoria informaron recientemente que usaban vaporizadores”.

El artículo no reconoce que mientras los adultos continúan fumando el producto de consumo más letal del planeta, las tasas de tabaquismo (y vapeo) continúan disminuyendo entre los jóvenes. Y descuida la evidencia independiente, en forma de revisiones y artículos de los principales investigadores, que ha encontrado que vapear es mucho menos dañino que fumar, una diferencia crítica para millones de personas que se han cambiado al vapeo.

Una década de investigación confirma que la nicotina vaporizada produce sustancias químicas y componentes significativamente menos dañinos, incluida la entrega cero de monóxido de carbono y varios carcinógenos que se administran cuando alguien enciende un cigarrillo de tabaco combustible.

Y el tipo de evidencia más rigurosa, una revisión Cochrane, acaba de encontrar que las tasas de abandono del hábito de fumar son más altas en las personas asignadas al azar a la nicotina vaporizada que a la terapia de reemplazo de nicotina (TRN) o a los productos de vapeo sin nicotina. Esto demuestra, como hemos sospechado durante años, que la nicotina ayuda a las personas a dejar de fumar cuando no se entrega en un cigarrillo.

Cuando mil millones de personas en todo el mundo todavía fuman y más de 7 millones mueren al año, ¿cómo se pueden justificar tales omisiones?

Consecuencias del mundo real

Todavía estamos desenredando la ciencia de la COVID-19, y hay muchas más preguntas que respuestas con respecto al papel de la nicotina y del tabaco en la proliferación de este virus mortal.

Está contribuyendo a que los vapeadores mal informados vuelvan a fumar

Pero tergiversar el daño relativo de vapear en comparación con fumar y en el contexto de la COVID-19 tiene graves consecuencias en el mundo real. Está contribuyendo a que los vapeadores mal informados vuelvan a fumar. Lo anterior posiblemente explica el aumento en las ventas de cigarrillos pero no en las ventas de cigarrillos electrónicos durante la pandemia.

Los titulares sensacionalistas en los principales medios de comunicación, que vinculan el vapeo y la COVID-19 basados en la ciencia basura están socavando la salud pública. Esta desinformación y desprecio por la ciencia hace que millones de personas desconfíen de los mensajes de salud pública.

Es inconcebible que las organizaciones gubernamentales de salud aconsejen a los vapeadores que dejen de vapear. En su lugar, deberían lanzar una campaña para ayudar a los fumadores a cambiar al vapeo. Porque sabemos esto: los cigarrillos liberan más de 4.000 sustancias, muchas de ellas cancerígenas conocidas. Esas sustancias químicas ahogan la vida de 1.300 fumadores cada día en los EE.UU., lo cual representa 480.000 muertes prematuras cada año. Por su parte, la COVID-19, que ha causado una pandemia mundial y un caos económico, político y social sin precedentes ha causado poco más de 215.000 muertes en Estados Unidos en los últimos nueve meses.

Los daños del tabaquismo, que se han dado a conocer durante casi 60 años, son innegables. El punto central de la muerte y la enfermedad es el cigarrillo combustible.

Si usted es un fumador que lucha por dejar de fumar, considere revisar estos recursos de reducción de daños por tabaco de una organización de salud pública líder en Gran Bretaña que ha reunido datos sobre los beneficios de dejar de fumar, incluido el cambio a vapear nicotina.

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